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VIVIENDAS para el IBAVI en 2 parcelas

MARRATXÍ

CONCURSO junio 2020


Arquitectos PEZarquitectos SLP

colaborador Enzo Riccio

LOTE 3 (CARRERS A LA FRESCA)

El sol, el azul del cielo, el viento, el mar, la tierra, el romero son Mallorca.

Mallorca es el sueño de una vida reposada para tantos, una vida en la que la naturaleza forme parte de lo cotidiano, sentir el terral, dejar que los rayos de sol acaricien, que los perfumes de sus plantas aromáticas acompañen y contemplar los colores de la tierra mallorquina que armonizan el paisaje de los rincones isleños.

Los valores de la tierra, del territorio de la isla están profundamente ligados con todos los elementos que la componen, de su tierra, su mar y su aire. El carrer mallorquín los toma como un regalo para construir un lugar confortable formado de casas y gentes.

Los elementos básicos de la isla se usan para construir el lugar de las nuevas viviendas. Se descomponen en los materiales terrosos, como los bloques de tierra comprimida, los bloques constructivos fabricados en los que se mezcla la tierra mallorquina, su arena y su arcilla.

El sol se capta en toda su plenitud, tomando toda su energía para calentar y para iluminar fachadas, cubiertas y suelos. Los rayos solares se recogen, se filtran y se controlan para dar luz a las habitaciones como lo hacen las casas tradicionales mallorquinas, con contraventanas de madera de los árboles de Mallorca.

Los vientos organizan las habitaciones de las nuevas casas, atravesando por completo sus espacios interiores, constituyendo un nexo de unión entre lo íntimo y lo colectivo. El terral define los huecos, comunica los corredores interiores y exteriores refrescando estancias y espacios comunes.

El agua se capta de las abundantes lluvias de la isla, se recoge para alimentar el riego de las plantas que colonizan los jardines privados y comunes.

Los olores del romero, los colores de las trepadoras y la presencia de los almendros llenan de aroma y de frescor los corredores y los zaguanes de las casas.

Los recursos naturales se aprovechan también en su potencialidad constructiva, los árboles se transforman en forjados, en soportes sólidos pero ligeros.

Las nuevas casas son un mosaico mallorquín, una composición de todos sus recursos naturales, una exhibición modesta de la valía de lo autóctono, lo original en su sentido más profundo.

El entorno en el que se sitúan los edificios propuestos es un lugar todavía en construcción, un espacio descompuesto, formado por viviendas de reciente construcción que muestran un olvido de los valores de la tierra y los recursos isleños.

. Esa es la premisa de la propuesta carrer mallorquín, construir un espacio colectivo como prolongación del corredor verde que atraviese el barrio y que una las casas y las vidas de los vecinos.

Las nuevas viviendas se entrelazan a lo largo de un espacio comunitario, rico en intercambio de conversaciones y humanizado por las plantas y la personalización de cada vecino.

La falta de proyecto de espacio público del barrio se suple con la apertura al interior de las parcelas, proporcionando una calle interior y revitalizando la calle existente, con una nueva escenografía de la vida familiar e individual.

La vivienda se organiza con una disposición muy clara de sus espacios públicos y sus espacios privados. El espacio público de la vivienda, el lugar de la vida diurna se propone como una prolongación del espacio público de la calle y de las galerías que conectan las casa entre sí. Sin embrago, el control del sol y de la privacidad se permite con la versatilidad de las contraventanas “a la mallorquina” que dotan de privacidad y sombra a las viviendas.

El espacio doméstico se divide en dos bandas paralelas, el espacio de convivencia: salón, estar, comedor y cocina y el espacio privado, con los dormitorios, el aseo y el cuarto trastero.

Sin embargo, la tabiquería ligera y las puertas correderas permiten unir esas dos bandas, la banda diurna y la nocturna cuando se quiera adaptar la casa a situaciones distintas.