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REMODELACIÓN DE LA CALLE DULCINEA EN SU ENCUENTRO CON LA CALLE ARTISTAS

Madrid

1er PREMIO CONCURSO diciembre 2003

Arquitectas Cristina Hernández Vicario · Patricia Leal Laredo · Lucila Urda Peña

Proyecto/obra diciembre 2003-julio 2005

Estructuras ETESA

Fotografía Jesús Granada

Superficie construida 1.450 m²

Presupuesto 1.000.000 €

Promotor Empresa Municipal de la Vivienda de Madrid

Fotografía Ángel Baltanás

El concurso se planteó para resolver el problema de la deficiente accesibilidad a la calle Artistas situada a una cota siete metros superior a la calle Dulcinea, desnivel que se salvaba mediante una escalera de ladrillo que a su vez contenía el terreno.

Este tránsito imposible para minusválidos o ancianos, la escasa iluminación y la saturación de vehículos aparcados convertía este espacio en un lugar poco deseable.

La propuesta pretende solucionar todos estos problemas: La accesibilidad se mejora con la incorporación de un ascensor que sirve de elemento de conexión rápida. La calle dulcinea se transforma en plaza. Se elige un pavimento de granito claro con piezas fluorescentes insertadas que intensifican y reflejan la luz natural o artificial y van aumentando en número a medida que se acercan al final de la plaza. Se incorpora un telón de luz al fondo construido mediante velos metálicos blancos que se superponen y cambian de transparencia e intensidad a lo largo del recorrido. Entre estas veladuras se ubica el ascensor y se desarrolla la escalera que, a lo largo del día, con la circulación de los viandantes, se transforma en una escenografía constantemente cambiante.

Los distintos planos se construyen en chapa de acero blanca con perforaciones de diferente diámetro que generan un dibujo de inspiración vegetal y configuran un volumen que se desmaterializa en sentido ascendente, conectando visualmente la nueva plaza con la calle Artistas. Los planos se recortan para adaptarse a la forma de la escalera ascendente, ofreciendo vistas a la plaza desde los rellanos y abriendo visuales desde las ventanas de los edificios colindantes.

Lo que antes era un oscuro fondo de saco se convierte en la propuesta en un espacio que intensifica su luminosidad hacia el punto naturalmente más oscuro.

La escalera se libera de su antigua función de contención del terreno, que ahora se confía a una pantalla de pilotes, aprovechando el vacío creado para obtener un local de uso público. La losa de escalera es a su vez cubierta del espacio dotacional. El interior es diáfano, con una pequeña zona de servicio y una entreplanta a la que se accede mediante una escalera ligera. La planta baja se pavimenta con el mismo material de la plaza. Los planos de chapa perforada funcionan como celosía por fuera del cerramiento de vidrio opalescente sobre el que dibujan sombras vegetales.

Con esta operación el peatón (y la ciudad) han recuperado un espacio público.